Un parto no intervenido (I)

Es una de las opciones menos manipuladas, tanto para la madre como para el bebé en los embarazos normales.
Se habla de parto natural, parto fisiológico, de baja intervención... y, sin embargo, muchas veces no se sabe con exactitud a qué se hace referencia. Un parto natural es aquel que comienza, evoluciona y termina sin intervenciones externas. La mujer inicia el trabajo de parto, dilata y pare a su bebé sin que se manipulen los tiempos ni los procesos.
Cada mujer es diferente, y, por lo tanto, cada parto, si se deja transcurrir naturalmente, también lo será. ¿Cuánto se tarda en dilatar? ¿Cuánto dura el expulsivo? ¿Cómo hay que pujar? La respuesta a todas estas preguntas es la misma: depende. Cada mujer, cada bebé y cada parto son un mundo.
Se suele decir que elegir un parto natural supone volver a los tiempos de nuestras abuelas. Y en parte es así, ya que la mujer y el bebé recobran el protagonismo en todo el proceso del nacimiento.
Ahora podemos parir a nuestros hijos en un entorno cercano y cálido, y sin que se nos apliquen más procedimientos de los que sean necesarios en nuestro parto concreto.
Después de milenios de partos forzosamente naturales, y de décadas en que intervenciones médicas, como la episiotomía o la inducción del parto, fueron comunes para todas. No se trata de renunciar a la seguridad, pero tampoco que estos procedimientos sean los únicos protagonistas del milagro de la vida.
La mujer empieza el trabajo de parto, dilata y tiene a su bebé sin que se manipulen los tiempos ni los procesos.
¿Es un parto sin asistencia?
Rotundamente no. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aboga por los partos sin intervenciones si las condiciones lo permiten. E incluso por los partos en casa, pero aclara que siempre se deben producir con la compañía de un profesional, que pueda evaluar (y actuar) si el proceso no es normal.
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