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Tercera fase: ¡Ya ha nacido! (I)



Ya sólo queda expulsar la placenta y las membranas de la bolsa de aguas, que lo han nutrido y protegido dentro del seno materno.

Es frecuente llamar alumbramiento al parto, pero, en realidad, este término sólo hace referencia a la última fase del nacimiento, en la que se expulsa la placenta y las membranas que formaban, hasta hace unos momentos, la bolsa de aguas, protectora del bebé durante nueve meses.

La expulsión de la placenta

Después de las fuertes contracciones del expulsivo y del trabajo que ha supuesto ayudar a nacer al bebé, la reciente mamá puede descansar entre cinco y diez minutos hasta que vuelvan a aparecer nuevas contracciones que permitirán expulsar la placenta.

Si el parto se ha desarrollado con anestesia epidural, estas contracciones apenas se sentirán, pero si la parturienta no ha tenido ningún tipo de analgesia, notará unas molestias parecidas a las de la dilatación, aunque desaparecerán en pocos minutos. Esto ocurre porque el útero, que después del expulsivo se ha ido acoplando al tamaño de la placenta, se contrae para facilitar el desprendimiento de ésta.

El médico o la partera comprueban que la placenta ya no está adherida a la pared uterina. A continuación, para ayudar a que salga junto con el resto de las membranas que formaban el saco gestacional, tira suavemente del cordón umbilical que ha quedado unido a ella, al tiempo que presiona sobre la pelvis de la madre.

Si no hay señales de que vaya a salir media hora después del expulsivo, habrá que intervenir, con anestesia, para extraer el órgano.



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