Segunda fase: el expulsivo (I)

Después de pasar un tiempo dilatando, llega el momento más gratificante: ver y abrazar a nuestro deseado bebé.
Es la fase más agotadora del parto (la mujer llega a ella cansada por el esfuerzo realizado durante la dilatación), pero también la más satisfactoria. La madre tendrá la oportunidad, con sus pujos y su esfuerzo, de ayudar a su hijo a llegar al mundo. Puede ser que falten sólo 15 minutos, quizás más para abrazarlo.
Llega el momento de ir a la sala de partos
Una vez que el cuello del útero ha alcanzado la dilatación completa (diez centímetros), comienza la fase de expulsión del feto. En ese momento, la madre es trasladada a la sala de partos, donde tendrá lugar el nacimiento.
Allí la estarán esperando la partera y el ginecólogo que atenderán el parto, el neonatólogo, una o varias enfermeras para ayudarlos y el anestesista, en el caso de que se utilice anestesia epidural. La presencia del padre está permitida (y aconsejada) en la mayoría de las maternidades.
La posición del bebé
En circunstancias normales, es decir, cuando el feto está perfectamente colocado, se desplaza mirando hacia la cadera de la madre con el fin de poder atravesar el hueso de la pelvis.
Después, realiza una rotación interna y se pone boca abajo (mirando hacia la espalda de la madre) para adaptarse a la curvatura del canal del parto. Flexiona su cabecita hasta que la barbilla da con el pecho, para encajar la coronilla (la zona de la cabeza con menor diámetro) y, de esta forma, facilitar su descenso. (Lo que viene a continuación se describe en las ilustraciones).
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