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Etapas del Embarazo



La primera vez que sentimos a nuestro bebé en la panza es la sensación más emocionante.

Pero porque se mueve el feto? El feto se estira, se flexiona, cambia de posición para estar más cómodo quizás. Y esto es muy bueno para el desarrollo de sus pequeños músculos. Generalmente comienza a moverse, aunque muy poquito, a partir de la octava semana. Por supuesto que por esos tiempos nada se siente, pero a partir de la semana 16 es posible que comience a sentir un suave pataleo, auqnue en el interior del útero es un fuerte pataleo.

Pegará patadas, puñetazos, se retorcerá y muchas de esas ocasiones, seguramente lo sentirá. Al crecer y tener menos lugar en la panza los movimientos se sentirán mucho más fuertes, y los movimientos serán muchos más. Para que os déis una mínima idea, alrededor de la semana 32 los movimientos son aproximadamente 350 al día!

Luego de la semana 32 al feto le costará mucho más moverse ya que llenará todo el útero. Pero aunque tenga poco espacio, se seguirá moviendo. Los movimientos fetales son muy buenos, él debe aprender a ejercitar y a coordinar los músculos, pero también se mueve para cambiarse de posición buscando comodidad. A veces puede moverse como una reacción debido a las emociones de la madre.

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En la maternidad

Se hará una exploración vaginal para comprobar el grado de dilatación del cuello uterino. De eso dependerá que la madre sea trasladada a su habitación.

Durante el proceso, le tomarán regularmente la presión arterial y la temperatura, vigilarán mediante la monitorización los latidos fetales y la intensidad y frecuencia de las contracciones uterinas, y realizarán tactos vaginales para comprobar el estado del cuello uterino. Posiblemente, administrarán suero intravenoso para mantener a la madre y al bebé bien nutridos e hidratados.

La dilatación progresa

Las contracciones van abriendo progresivamente el cuello del útero para permitir el paso del feto por el canal del parto. Esto se consigue cuando la dilatación ha alcanzado los 10 cm.

Hasta entonces, la frecuencia e intensidad de las contracciones irán aumentando. Es el momento de poner en práctica lo aprendido en los cursos de preparación para el parto. Respirar bien y relajarse entre contracción y contracción es fundamental para no dejarse vencer por el dolor. En el caso de que se haya solicitado la epidural, habrá que esperar a tener tres centímetros de dilatación para que la apliquen.

En el momento en que la analgesia haga efecto, dejaremos de sentir dolor, aunque podemos seguir notando las contracciones (el abdomen se endurece), que serán cada vez más frecuentes y durarán más. Una vez conseguida la dilatación completa, llega el momento de pasar a la sala de partos.

Parte anterior en Fases del parto: la dilatación (I)

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Las contracciones regulares anuncian el comienzo del trabajo de parto: el cuello del útero tiene que dilatarse diez centímetros.

Los indicios más claros de que el parto es inminente o va a producirse en las próximas horas son la rotura de la bolsa que contiene el líquido amniótico y el inicio de contracciones rítmicas y regulares. Ambos procesos indican la necesidad de ir a la maternidad.

Las contracciones aumentan

Las del parto son rítmicas, y comienzan con un intervalo de 15 ó 20 minutos, que va acortándose progresivamente, al tiempo que aumentan su intensidad y duración.

Se acompañan de un endurecimiento del abdomen y suelen prolongarse durante más de una hora.

Las primerizas deben acudir a la maternidad cuando se presenten cada cinco minutos y duren unos 45 segundos. Las mujeres que ya han dado a luz previamente irán si las tienen cada diez minutos y duran entre 30 y 35 segundos. Si aparecen contracciones rítmicas, conviene darse una ducha caliente, que ayudará a relajarse. Se puede pasear entre contracción y contracción (lo que favorece el descenso del bebé) y aplicar masajes en la zona lumbar, nunca en la panza, para aliviar las molestias. Pero si se ha roto la bolsa, lo indicado es dirigirse rápidamente al hospital.

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Primeros cuidados después del parto

Luego de extraer la placenta, los profesionales sanitarios suturan la episiotomía, una intervención que no duele si aún duran los efectos de la epidural. En caso contrario, administran un anestésico local para que la madre no sienta molestias.

A continuación, el obstetra comprueba, presionando el abdomen, que el útero está duro y bien contraído y que no sangra excesivamente (una hemorragia ligera durante varios días se considera normal). Es imprescindible que el músculo uterino se contraiga completamente para que queden bien cerrados los vasos sanguíneos de la zona donde estaba la placenta., ya que, de lo contrario, podría producirse una hemorragia grave.

Habitualmente, se administra un goteo de oxitocina para ayudar al útero a contraerse.

Las enfermeras limpian y desinfectan la zona genital de la madre y la trasladan a su habitación o a una sala de observación. En ambos casos permanecerá bajo vigilancia durante un par de horas para seguir su evolución (le tomarán con frecuencia la temperatura y la presión arterial) por si surgen complicaciones.

Parte anterior en Tercera fase: ¡Ya ha nacido! (I)

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Ya sólo queda expulsar la placenta y las membranas de la bolsa de aguas, que lo han nutrido y protegido dentro del seno materno.

Es frecuente llamar alumbramiento al parto, pero, en realidad, este término sólo hace referencia a la última fase del nacimiento, en la que se expulsa la placenta y las membranas que formaban, hasta hace unos momentos, la bolsa de aguas, protectora del bebé durante nueve meses.

La expulsión de la placenta

Después de las fuertes contracciones del expulsivo y del trabajo que ha supuesto ayudar a nacer al bebé, la reciente mamá puede descansar entre cinco y diez minutos hasta que vuelvan a aparecer nuevas contracciones que permitirán expulsar la placenta.

Si el parto se ha desarrollado con anestesia epidural, estas contracciones apenas se sentirán, pero si la parturienta no ha tenido ningún tipo de analgesia, notará unas molestias parecidas a las de la dilatación, aunque desaparecerán en pocos minutos. Esto ocurre porque el útero, que después del expulsivo se ha ido acoplando al tamaño de la placenta, se contrae para facilitar el desprendimiento de ésta.

El médico o la partera comprueban que la placenta ya no está adherida a la pared uterina. A continuación, para ayudar a que salga junto con el resto de las membranas que formaban el saco gestacional, tira suavemente del cordón umbilical que ha quedado unido a ella, al tiempo que presiona sobre la pelvis de la madre.

Si no hay señales de que vaya a salir media hora después del expulsivo, habrá que intervenir, con anestesia, para extraer el órgano.

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Los dolores de ovarios, similares a los premenstruales, que se deben al progresivo crecimiento del útero, que no duran más que el primer par de semanas y que, aunque son un síntoma que no genera demasiada molestia, suele ser causante de preocupaciones y consultas. Mientras se trate de un dolor leve, que no interfiere con el normal curso de las actividades, no debería ser motivo de alarma. Pero si es de mucha intensidad o se acompaña de otros síntomas, como pérdidas o baja presión arterial, habrá que acudir al médico.

Plan de combate

Aunque por momentos pareciera imposible encontrar un alivio, hay algunos truquitos para aplacar los malestares. En el caso de las náuseas, la mejor opción es ingerir alimentos en pequeñas porciones y de forma frecuente. A aquellas que sufren los malestares por la mañana, las ayuda comer unas galletitas con queso bien temprano, incluso al levantarse para ir al baño. A este truco, y en pos de combatir todos los síntomas digestivos, se le pueden sumar pequeños hábitos alimenticios vinculados a la calidad de los alimentos. Evitar las preparaciones muy calientes o muy condimentadas, comer sólo lo que se tiene ganas, sin forzarse, ayuda mucho. Y no hay que preocuparse si no se come demasiado. Al principio del embarazo, el bebé no necesita nutrirse con grandes cantidades de alimento. Recién será necesario a partir de la semana veinte.

Hablando de la conveniencia de tomar medicación, los síntomas pueden disminuir con antieméticos (previenen las náuseas y los vómitos) y con digestivos o laxantes livianos, aunque aclara que siempre con prescripción médica. Asegura que pueden ingerirse sin inconvenientes y que también se puede acudir a un nutricionista para lograr mejores resultados.

Pasará, pasará

Pasados los primeros meses el cuerpo de la mamá se acostumbra a semejante revolución hormonal y todo se estabiliza. La embarazada entra en una etapa de muy pocas molestias físicas, hasta la semana 35 aproximadamente, cuando el tamaño de la panza y los movimientos del bebé dentro de la panza son mucho más  vigorosos y se hacen sentir.

Parte anterior en Síntomas del primer trimestre del embarazo (I)

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Náuseas, acidez, mucho sueño… Son algunas de las clásicas molestias del primer trimestre. A qué se deben y cómo hacerles frente.

Aunque no los sufren todas, les tocan a la mayoría. Las náuseas, los vómitos y la acidez estomacal pueden volverse un karma del primer trimestre del embarazo. Aprender a trabajar para dos personas genera transformaciones en el cuerpo. Los síntomas son ineludibles y si ocurriesen en otro contexto, en una mujer que no esta embarazada, asustarían. Las hormonas como propulsoras de estos cambios que tienen el objetivo de cuidar el embarazo.

Clásicas

La mayoría de las molestias que aparecen en la primera etapa de la gestación tienen su causa en una hormona fundamental para el desarrollo del bebé, la progesterona,  segregada por los ovarios (hasta la semana 12) y luego por la placenta. Su accionar se relaciona con náuseas -sobre todo matutinas-, vómitos, mareos, hinchazón en la panza y sueño, entre otros síntomas. Mientras detalla que, a nivel estimativo y en base a lo que observa en su consultorio, el 85% de las embarazadas sufre náuseas, en algunos casos pasajeras, y cerca de la mitad las presenta acompañadas de vómitos durante la mañana. Por qué a esta hora? Debido a que al no comer durante la noche, la bilis se acumula y las genera.

Pero a nivel digestivo las náuseas no son el único malestar. Las hormonas enlentesen el transito intestinal, generando constipación, además provocan fermentación durante la digestión, lo que trae gases, y una notable distensión o hinchazón abdominal, además de sialorrea, es decir, exceso de saliva. Los padecimientos suelen desaparecer en forma espontánea entre la semana 14 y 16 aproximadamente. Aunque algunas pocas mujeres presentan náuseas y vómitos por más tiempo.

Escuchar el cuerpo

Otro trastorno es el sueño. Tener muchas ganas de dormir es otro síntoma muy frecuente. Es la forma que tiene el cuerpo de avisar que se debe guardar un poco de energía. Por eso es que no hay que desoírlo, y, en la medida de lo posible, descansar y dormir lo necesario. Generalmente pasado el tercer mes de embarazo el sueño deja de ser un problema.

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El dolor de espalda es uno de los síntomas más comunes en el embarazo. Consiste en un dolor que deja la espalda rígida, especialmente en la parte baja de la espalda.

El dolor puede ser realmente fuerte, inclusive dificultando el poder levantarse y generalmente a medida que avanza el embarazo suelen aumentar. En la mayoría de los casos este tipo de dolores son habituales en el embarazo y no siginifican que haya un problema.

Pero, sin embarago, la aparición de dolor de espalda acompañado de otros síntomas significativos, como hemorragia, podría ser un aviso de aborto. Si este dolor es cercano a la fecha de parto podría siginificar el principio de éste.

Si tienes dolor de espalda y menos de 14 semanas de gestación y además hemorragias o dolores muy fuerte de vientre, deberías consultar urgentemente a tu médico, podría ser causa de un aborto o de un embarazo ectópico. Pero si el dolor no es acompañado por otro síntoma puede ser una consecuencia de cambios hormonales como también por la presión por el aumento del tamaño del útero.

Si te encuentras a mitas del embarazo puede ser por la relajación de los ligamentos que sujetan la columna sumado a los cambios de postura por el peso del bebé. Un consejo es no levantar objetos pesado y tratar de mantener una postura correcta.

Pero si te encunetras en los últimos meses de embarazo, el dolor de espalda puede ser la señal de que el parto está comenzando. Y si piensas que no te darás cuenta que el parto ha comenzado, o que confundirás el dolor, puedes estar segura que ese dolor es diferente.

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En la quinta semana, el embrión es más pequeño que un grano de arroz, pero ya se están formando todos sus órganos. Ha empezado a latir su diminuto corazón y su cerebro se desarrolla a gran velocidad. Se parece a un renacuajo. Hacia la sexta semana, el embrión tiene una cabeza mucho más grande que el cuerpo y se distinguen unas manchas oscuras en el lugar donde tendrá la boca, los ojos, la nariz y las orejas.

Al comienzo de la novena semana, ya se nueve, aunque la madre todavía no Io percibe. Mide entre 16 y 18 milímetros, y aparecen los esbozos de las piernas y los brazos, que ya se mueven. Este período es el más importante para el desarrollo del futuro bebé, por eso las embarazadas no deben tomar medicamentos no recomendados ni sustancias tóxicas.

Muchas mujeres notan que se acentúan los típicos síntomas de embarazo: las náuseas, la sensibilidad a ciertos olores, los vómitos, la sensación de sueño...

Para mitigar náuseas y vómitos lo mejor es no entrar en la cocina por la mañana, evitar los olores que resulten desagradables y comer pequeñas cantidades, pero más veces al día. Tomar leche fría o yogur alivia los ardores, y para no sentirse muy cansada es aconsejable intentar dormir la siesta o al menos recostarse después del almuerzo.

Entre las semanas 8ª  y 13ª se realiza la primera visita al ginecólogo (si no se ha hecho una visita preconcepcional), en la que el médico hace una exploración general y ginecológica, y una ecografía, y propone realizar una prueba llamada triple screening para evaluar cuál es el riesgo de alteraciones genéticas.

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La hora señalada

Llegado el momento del parto, tiene lugar el período dilatante. En este lapso, las contracciones aumentan mucho (en lo que a intensidad y frecuencia se refiere). Las contracciones del trabajo de parto son regulares y al principio se presentan como una contracción cada diez minutos, de 20 o 25 segundos de duración, durante al menos 2 horas. Luego, van incrementándose en frecuencia, intensidad y duración, a medida que avanza el trabajo de alumbramiento. Siempre se caracterizan por un endurecimiento global del útero y un posterior relajamiento general, y pueden o no, estar acompañadas de pérdidas, come por ejemplo, del tapón mucoso. Que vayan seguidas de alguna dolencia depende de cada embarazada ya que, el umbral al dolor es personal: mientras hay pacientes que no manifiestan molestias durante todo el trabajo de parto, hay otras que se quejan marcadamente.

Las técnicas empleadas para disminuir los efectos de las contracciones cuando se inicia el trabajo de parto, son múltiples. Ayuda respirar de modo superficial y rápidamente hasta el final de la contracción. Sin embargo, para que cada embarazada encuentre el método que más le convenga, es importante asistir al curso de parto. Allí la, mamá aprenderá no sólo a reconocer una contracción sino también, los ejercicios de respiración adecuados.

¿Y después que?

Cuando el bebé nace y el trabajo de parto finaliza, el útero no deja la actividad. Después del parto debe expulsar la placenta y esto también lo realiza mediante contracciones. Son menos intensas y molestas que las que se registran durante el parto, pero igual de efectivas. De esta manera, el órgano femenino va reduciendo su tamaño hasta alcanzar, en el transcurso de cuarenta días, su extensión anterior al parto.

Parte anterior en Las primeras contracciones (I)

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