Embarazo

En toda mujer, el embarazo es una etapa de grandes cambios y en donde muchas veces logramos tener sentimientos encontrados, depresiones, angustias, etc. Este tipo de síntomas es muy común en las madres, ya que como bien se dice, estamos mucho más sensibles y todo nos afecta desde otro lado.
Es por ello que lo expertos que siempre están investigando, han develado que la acupuntura sería un método muy eficaz contra la depresión en las embarazadas. Para entender un poquito de que se trata esta técnica, os cuento; la acupuntura es una de las tantas técnicas milenarias de la medicina china.
En la misma se utilizan agujas muy finas, las cuales cumplen la función de estimular las diferentes zonas del cuerpo. Sirven además, para el equilibrio y fortaleza de la energía. Según la tradición china, con respecto a estos métodos, ellos afirman que el cuerpo es un sistema de flujo de energía, en donde para estar saludable se tiene que dar cierto equilibrio. En cuanto a las mamás, no solamente les beneficia en lo que es emocionalmente, sino que además les será de gran ayuda al momento del parto, en donde podrán tener menos dolor.
En este caso, lo que se recomienda es consultar con nuestro médico tratante para saber algunas indicaciones no tan “milenarias”, si este nos da el visto bueno, podéis buscar a alguien especializado en acupuntura y poder empezar a practicar esta técnica.
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En la maternidad
Se hará una exploración vaginal para comprobar el grado de dilatación del cuello uterino. De eso dependerá que la madre sea trasladada a su habitación.
Durante el proceso, le tomarán regularmente la presión arterial y la temperatura, vigilarán mediante la monitorización los latidos fetales y la intensidad y frecuencia de las contracciones uterinas, y realizarán tactos vaginales para comprobar el estado del cuello uterino. Posiblemente, administrarán suero intravenoso para mantener a la madre y al bebé bien nutridos e hidratados.
La dilatación progresa
Las contracciones van abriendo progresivamente el cuello del útero para permitir el paso del feto por el canal del parto. Esto se consigue cuando la dilatación ha alcanzado los 10 cm.
Hasta entonces, la frecuencia e intensidad de las contracciones irán aumentando. Es el momento de poner en práctica lo aprendido en los cursos de preparación para el parto. Respirar bien y relajarse entre contracción y contracción es fundamental para no dejarse vencer por el dolor. En el caso de que se haya solicitado la epidural, habrá que esperar a tener tres centímetros de dilatación para que la apliquen.
En el momento en que la analgesia haga efecto, dejaremos de sentir dolor, aunque podemos seguir notando las contracciones (el abdomen se endurece), que serán cada vez más frecuentes y durarán más. Una vez conseguida la dilatación completa, llega el momento de pasar a la sala de partos.
Parte anterior en Fases del parto: la dilatación (I)

Las contracciones regulares anuncian el comienzo del trabajo de parto: el cuello del útero tiene que dilatarse diez centímetros.
Los indicios más claros de que el parto es inminente o va a producirse en las próximas horas son la rotura de la bolsa que contiene el líquido amniótico y el inicio de contracciones rítmicas y regulares. Ambos procesos indican la necesidad de ir a la maternidad.
Las contracciones aumentan
Las del parto son rítmicas, y comienzan con un intervalo de 15 ó 20 minutos, que va acortándose progresivamente, al tiempo que aumentan su intensidad y duración.
Se acompañan de un endurecimiento del abdomen y suelen prolongarse durante más de una hora.
Las primerizas deben acudir a la maternidad cuando se presenten cada cinco minutos y duren unos 45 segundos. Las mujeres que ya han dado a luz previamente irán si las tienen cada diez minutos y duran entre 30 y 35 segundos. Si aparecen contracciones rítmicas, conviene darse una ducha caliente, que ayudará a relajarse. Se puede pasear entre contracción y contracción (lo que favorece el descenso del bebé) y aplicar masajes en la zona lumbar, nunca en la panza, para aliviar las molestias. Pero si se ha roto la bolsa, lo indicado es dirigirse rápidamente al hospital.

Entre todas las complicaciones graves que pueden ocurrir durante el embarazo, la más habitual es la preeclampsia. Si no se detecta y se trata de forma adecuada, puede poner en peligro tu vida y la del bebé, provocar problemas hepáticos, renales y de coagulación. Afecta aproximadamente a una de cada 10 embarazadas y sus principales síntomas son hipertensión y presencia de proteínas en la orina.
Como se trata
Normalmente, el único remedio para la preeclampsia es dar a luz. Sin embargo, se están realizando estudios sobre el origen de este trastorno y se espera encontrar pronto un tratamiento.
Cuáles son sus síntomas
- Hipertensión (140 / 90 o más)
- Presencia de proteínas en la orina, de 1+ a 4++++
- Sudor en las manos, pies y cara
- Dolores de cabeza fuertes que no desaparecen
- Visión borrosa, destellos de luz o puntos enfrente de los ojos
- Dolor agudo bajo las costillas, especialmente en el lado derecho
- Vértigos o mareos
¿Puedo padecerla?
- Tienes más posibilidades de desarrollar preeclampsia si:
- Es la primera vez que estás embarazada
- Tienes antecedentes familiares de preeclampisa.
- Presentas sobrepeso
- Tiene más de 40 años o menos de 20
- Has esperado 10 años o más entre embarazos
- Padeces hipertensión, diabetes o problemas renales
- Presentas un embarazo múltiple

El embarazo nos trae una nueva mirada sobre todas las cosas. Revisamos las rutinas y nos planteamos cosas que jamás se nos hubieran ocurrido en otra circunstancia. ¿Qué recorrido hará esta patata frita por mi cuerpo?, se preguntó Julia, sentada en una hamburguesería, el día que se enteró de que estaba embarazada.
Desequilibrios habituales
El más habitual es el desequilibrio calórico, ya que hay alimentos incondicionales que esconden una cantidad desorbitada de calorías. Por ejemplo, la mayoría de las salsas no caseras o una simple bolsa de patatas fritas.
El desequilibrio de macronutrientes también es relativamente habitual en nuestra dieta. Si un día entramos en la cocina con mucha hambre y nos decantamos por una buena ensalada, un plato de lentejas con arroz y un trozo de torta de postre, acabaremos con un atracón de hidratos de carbono.
El exceso de proteínas tampoco es difícil. Basta con empezar por unos aperitivos a base de jamón y queso, continuar con un bife o pescado de cualquier tipo y terminar con un yogur.
Las cosas claras
Si nuestros hábitos alimentarios son sanos y equilibrados, podemos mantenerlos y además partirnos con buena base. Pero a veces, al profundizar, nos llevamos sorpresas y descubrimos que lo que creíamos un menú óptimo, correcto al menos, no lo es tanto.
A lo mejor nuestro almuerzo habitual consta de ensaladas, arroz o pastas y dulces o fruta de postre, por ejemplo; en ese caso estaremos comiendo un menú carente de proteínas, que son especialmente importantes en este período. O comemos de todo pero no probamos la fruta, y la verdura sólo de vez en cuando, con lo que nos estaremos privando de una gran cantidad de vitaminas indispensables y de la insustituible fibra.

El secreto de la glucosa
En el embarazo se producen cambios en el metabolismo, sobre todo en el aporte de glucosa: ahora necesitamos más. Un ser en formación demanda glucosa 24 horas al día, incluso durante la noche. Tenemos que asegurarnos un aporte continuo, que los expertos concretan en tres comidas al día y tres tentempiés. Pero ¿por qué es tan importante la glucosa?
Porque la energía que necesitamos para vivir, traducida a la química que opera en el cuerpo, se llama glucosa. Nuestro cerebro y nuestros músculos, y también por supuesto el feto, se nutren de glucosa. Y ésta se obtiene de los alimentos, especialmente de los hidratos de carbono de absorción lenta, es decir: cereales, pastas, fruta, legumbres.
Si nos quedamos sin reservas (por no comer o consumirla en una sobreesfuerzo) tiene lugar una bajada de azúcar, que físicamente se traduce en mareo, náuseas, malestar, debilidad, mal humo… y nos hace recurrir a fuentes de glucosa rápida, como azúcar, chocolate y dulces.
Parte anterior en El desayuno en las embarazadas (I)

Una comida básica para el bienestar de la madre y el futuro bebé.
La finalidad del desayuno en cualquier etapa de la vida es la de proporcionar la energía que necesitamos para comenzar el día. En el caso de la mujer embarazada cuyo cuerpo se encuentra inmerso en la tarea de alimentar una nueva vida, el desayuno cobra especial relevancia. Para satisfacer estas necesidades, nuestra primera comida debe ser nutritiva, suave y equilibrada.
Dos errores muy comunes
- El principal error es no tomarlo: Si no desayunamos, no garantizamos el famoso suministro de glucosa, lo que se traducirá a lo largo de la mañana en cansancio extremo, ganas de vomitar, mal humor…
Lo mismo sucede si sustituimos la primera comida por un alimento vacío de nutrientes como el café, que no aporta vitaminas ni minerales y además puede interferir en la absorción del hierro.
- Realizar un desayuno demasiado abundante: O fuerte o graso. Este tipo de desayuno dificultarán nuestra digestión y nos generarán cansancio y reflujo gastrointestinal si nuestra digestión es lenta de por sí. Además, acumularemos más grasa de la necesaria en estos meses. Nutritivo no significa extracalórico.

Si el parto transcurre con peridural, la zona ya está insensibilizada, si no, se suele administrar anestesia local antes de practicar la incisión.
Una vez practicado el corte, el obstetra saca primero al bebé a través del orificio agrandado y, a continuación, espera a que salga la placenta.
Después, sutura la incisión. Para que los puntos molesten menos, algunos profesionales suturan los tejidos en varios planos, y en el último -la piel- realizan una sutura continua para evitar los molestos nudos sobre la zona.
Cuidados y dificultades
- Conviene lavarla zona varias veces al día y secar la herida muy bien con un secador de pelo que expulse aire tibio.
- Si el dolor es intenso, el médico recetará un analgésico.
- El reposo es fundamental. La madre no debe permanecer de pie demasiado tiempo, ni cargar peso. Al sentarse -mejor sobre superficies blandas- debe contraer los glúteos para disminuir la tensión sobre el periné.
- Si se detecta mal olor, inflamación o enrojecimiento, hay que ir rápidamente al médico.
Parte anterior en La episiotomía (I)

El corte del periné es uno de los aspectos del parto que más inquieta a las embarazadas. Aunque no siempre es necesario.
Al final del parto, cuando se empieza a vislumbrar la cabecita del bebé, el obstetra suele realizar un pequeño corte en el periné, la zona que va de los labios de la vagina hasta el ano, con el fin de agrandar el orificio por donde sale el bebé y prevenir posibles desgarros en la madre. Este procedimiento, que recibe el nombre de episiotomía, no está exento de controversia. En algunos lugares se aplica en forma rutinaria, de ahí que, antes del parto, la mujer debe hablar con su médico y manifestarle su posición respecto del tema.
Procedimiento
El profesional espera a que la cabeza del bebé, al presionar sobre la región perineal, haya distendido al máximo los tejidos que rodean el orificio vaginal. El corte se realiza con tijeras o bisturí y abarca la piel, la mucosa vaginal y, a veces, algunos músculos. La mujer no siente nada, ya que este procedimiento se practica con anestesia local.

Según demuestran varios estudios, el miedo al parto es uno de los temores más frecuentes a lo largo del embarazo.
Por regla general, ese miedo va en constante aumento a partir de la semana 30. Y no es de extrañar que, antes de dar a luz al primer hijo, la futura madre se sienta invadida por sensaciones contradictorias y pase por altibajos muy fuertes.
Además del miedo al dolor, está el temor a perder el control de la situación, y sobre todo el miedo a posibles complicaciones durante el parto, aunque sea sólo una incisión en el periné.
Superar el miedo es, sin duda, también una cuestión de carácter. Hay mujeres que lo suprimen. Se dicen que no será para tanto, y tampoco hablan con otras personas sobre ese tema. Los psicólogos llaman a este comportamiento sublimación.
Superar los miedos
Muy útil en la lucha contra ese temor es el curso de preparación para el parto. Allí, las mujeres disponen de un espacio donde pueden hablar de sus inquietudes y llegar a conocer mejor su cuerpo.
Los miedos se pueden elaborar hablando con la pareja y con los profesionales con quienes se está tratando. También suelen ser de ayuda los ejercicios de respiración y de relajación, como el yoga.
A otras mujeres les viene bien hacer ejercicio. Caminar o nadar es excelente para evitar contracciones musculares, para sentirse en plena forma y aumentar la confianza en sus fuerzas.