El circuito de la lactancia (I)

Te contamos cómo fabricas la leche y te damos secretos para que todo funcione a la perfección.
Desde la panza
Desterrando la teoría de que la leche comienza a producirse cuando el bebé succiona. Una compleja cadena de acontecimientos gobernados por la acción de las hormonas prepara al pecho para la lactancia. Durante el embarazo se produce un incremento de la prolactina, que es una de las hormonas que interviene, y a partir del tercer mes de gestación comienza a desarrollarse la leche, de a poco. En el segundo trimestre, la placenta comienza a estimular la secreción del pre-calostro (sustancia rica en proteínas, que antecede la salida de la leche) y, en el último trimestre, aumenta el volumen de la mama y algunas embarazadas comienzan a segregar calostro; las que no, lo harán cuando nazca et bebé.
Encuentro clave
Momento fundamental: luego del parto, cuando hay que colocar lo más pronto posible al bebé en el pecho de la madre. Las mamas segregan una cerosidad (sustancia) para que se produzca el acople de la boca del bebé con el pecho de la mamá. En cuanto a la técnica, los bebés nacen sabiendo succionar, se trata de un acto reflejo, aunque a algunos hay que ayudarlos en este proceso porque no es lo mismo succionar su propio dedo que un pecho.
Posibilidad el proceso
Las madres primerizas buscar una posición cómoda, en la que el bebé quede bien pegado, panza con panza, para tomar el pecho sin girar la cabeza. A su vez, cuando se lo acerca, hay que estimularle el mentón y el labio inferior con el pezón para que abra bien grande la boca, como un bostezo, y adelante la lengua. En ese momento hay que acercarle el pecho de modo que sus labios estén volcados hacia fuera, tomando todo el pezón y buena parte de la areola.
Además de la técnica, el cuerpo sigue dándote señales al bebé. A medida que falta menos para la llegada del momento del parto, el color de los pezones y la aréola se va tornando más oscuro para que los pueda visualizar mejor. En cuanto al aspecto anatómico, los especialistas confirman que el tamaño de los senos o de los pezones no tienen ninguna relación con la capacidad de la madre de amamantar. Un bebé se está alimentando bien cuando la succión es lenta y profunda, y las mejillas están redondeadas y no se hunden.
